Un engaño disfrazado con flores y arcoiris
NOTA PRELIMINAR: Este artículo forma parte de una serie que escribí acerca de los esquemas financieros que se conocen como Telares o Flores de la Abundancia, Fractales de los Sueños, Espirales de Mujeres, Mandalas de la Prosperidad o Tejedoras de Sueños, entre otros y que funcionan con una dinámica similar. Los nombraré aquí como «Flores de la Abundancia» para efectos de claridad. Consulta aquí los otros artículos de la serie.
Ya vimos en el artículo anterior de esta serie la arquitectura engañosa sobre la que funcionan las Flores de la Abundancia y por qué no son sostenibles a largo plazo. Examinemos ahora ciertos conceptos que suelen venir aparejados con las invitaciones a participar y de qué manera se usan en total contravía con la filosofía que en teoría deberían defender.
Sé que a muchas mujeres que ya han participado en las Flores de la Abundancia —y probablemente entre ellas haya varias que han tenido una experiencia positiva— no les va a gustar leer este artículo. Pero lo escribo sobre todo para las muchas que todavía no están enteradas y que algún día van a recibir la invitación para participar. Sigo creyendo que toda mujer es libre de tomar sus propias decisiones y por supuesto que también es libre de regalar su dinero, si es lo que ella desea. Pero la libertad no puede fundarse en el desconocimiento o la ignorancia, y mucho menos en el engaño, pues entonces no sería tal libertad.

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El círculo que no es tan sagrado
Muchas mujeres defienden el esquema de las Flores de la Abundancia argumentando que operan fluyendo dentro de la geometría sagrada del círculo. Esto, simplemente, no es cierto.
Y lo primero que voy a decir aquí es que en un círculo sagrado todas estamos en igualdad de condiciones. No hay posiciones Fuego, Viento, Tierra ni Agua, con diferentes niveles de responsabilidad o privilegios. Todas somos una, somos iguales y tenemos los mismos derechos y las mismas responsabilidades.
Otra diferencia importante es que mientras dura un círculo, todas nos reconocemos, y somos siempre las mismas desde el comienzo hasta el final. No hay unas que llegan y otras que se van, y cuando es así, sabemos perfectamente quién estuvo antes o quién llegó después. Esto no pasa con las Flores de la Abundancia. Para comprender mejor por qué estas no son «circulares», nos resultará útil compararlas con un modelo de cooperación económica que sí lo es: las cadenas, una figura muy común entre los asalariados colombianos.
En una cadena, un grupo cerrado de personas, que se conocen personalmente y tienen trato cotidiano (porque trabajan juntas), aportan cada mes (generalmente el día de pago de la empresa) una cierta suma de dinero acordada previamente. El acumulado de cada mes lo recibe alguno de los miembros, elegido ya sea por sorteo o por un orden acordado, pero todos se van turnando y nadie puede volver a recibir dinero (así como nadie puede retirarse) hasta que TODOS hayan resultado beneficiados. Esto se puede renovar indefinidamente o hasta que lo decidan todos sus miembros, pero algo importante de apuntar es que nunca se cierra una cadena dejando a alguien sin su beneficio. Esto significa que en cada ronda completa hay un 100% de beneficiados, a diferencia del 6,67% que ya vimos al analizar matemáticamente las Flores de la Abundancia.
Las que quieran profundizar en el tema pueden ver este video donde se examina el modelo económico de las flores y se destacan sus diferencias con las tontines africanas (similares a las cadenas ya explicadas, también circulares y del que supuestamente descienden las Flores de la Abundancia).
Hay que señalar que las tontines africanas, al igual que las cadenas, no multiplican el dinero en 800%. En realidad se trata de una especie de ahorro programado, fuera del sistema bancario, que permite beneficiarse a las mujeres que más lo necesitan en cada nueva vuelta. Todas ponen, todas reciben, pero al final nadie recibe más de lo que da acumulado en pequeñas sumas. Nadie multiplica su dinero, pero todas se apoyan para conseguir sus objetivos. Esto es más acorde con el ideal de cooperación y ayuda mutua que yo esperaría de un círculo de mujeres.
«Tejiendo comunidad»
Las Flores de la Abundancia también se presentan como un modelo de «empoderamiento femenino», un nuevo modo de «tejer comunidad» y apoyar colectivamente la «abundancia» y el «bienestar» de todas las mujeres que lo integran. Al ingresar al esquema (previo pago del «regalo») las mujeres tienen acceso a reuniones privadas y empiezan a sentirse parte de una comunidad que las apoya y de la que aprenden constantemente. Este es, quizá, el aspecto positivo y rescatable que tienen, pero creo que ese ideal de «sororidad» y «cooperación mutua» no deja de ser un espejismo.
Empecemos porque no existe un conocimiento real entre las mujeres que componen el esquema. Alguna me podrá decir que sí, que todas las quince mujeres de su flor son amigas, están en contacto continuo y permanente, que son como quince hermanas. Pero esto es bastante discutible.
Primero, puede ser verdad que se reúnan periódicamente en un chat virtual y que tengan un grupo privado de Facebook o WhatsApp en el que estén compartiendo permanentemente material motivacional. Pero hay que reconocer que esto no es lo mismo que una interacción real, física, de verdadera comunidad. De hecho, es raro que todas las mujeres de una flor tengan una relación personal de amistad, más allá de lo virtual (a no ser, quizás, en las primerísimas flores que surgieron en una región dada). La razón de esto —y este es el punto más importante— es que ese grupo de quince hermanas no es constante y cerrado, sino que se va renovando todo el tiempo, debido a la división de las flores y a los nuevos ingresos.
Cuando una mujer Agua llega al centro, en esa flor de quince pétalos que se completa habrá solo tres mujeres (contándola a ella misma) de las quince que conformaron la flor original en la que ella entró como Fuego. Las otras doce originales están repartidas en otras siete flores que se crearon mientras crecía esta.
Durante ese mismo periodo de tiempo, esa mujer Agua habrá compartido dentro de la misma flor con ocho mujeres nuevas que entraban cada vez que ella se movía una posición hacia el centro. Eso son 24 mujeres nuevas en un ciclo completo, que sumadas a las otras 14 de la flor original nos dan un total de 38 mujeres con las que se ha compartido la misma flor por lo menos una vez durante un ciclo o viaje completo.
Intuyo que ya no es tan sencillo tener una relación de amistad y confianza con 38 personas, la mayoría de las cuales no son amigas directas, sino amigas de amigas de amigas. Y no digo que no sea posible abrirnos a nuevas relaciones y nuevas amistades, pero admitamos que 38 mujeres ya son bastantes mujeres. En mi colegio cada salón rondaba esa cantidad de niñas, y no puedo decir que haya intimado con todas —ni tan siquiera con la mitad de ellas—, a pesar de compartir los mismos espacios y actividades por al menos seis horas diarias, cinco días a la semana, durante varios años de mi infancia.
Pero volviendo a nuestro análisis, hay que señalar que esas 38 mujeres tampoco son un grupo constante y cerrado, porque con cada nuevo movimiento (cada nueva división) las flores se irán renovando y no durarán mucho tiempo siendo las mismas. Unas van saliendo, otras van entrando y las flores se siguen dividiendo, separando los grupos cada vez más. ¿Con quién debo mantener el contacto? ¿Con las mujeres que estaban cuando yo entré o con las que se han ido sumando en el camino? Cuando mi flor se divide, ¿qué pasa con las que quedan en la otra flor? ¿Pierdo contacto con ellas o las sumo a mi lista creciente? ¿Qué hay de las que se van? ¿Qué hay cuando yo me retire?
Muchas de estas cuestiones no se captan claramente al primer vistazo, pero veo difícil crear lazos de verdadera sororidad en estas condiciones. No son suficientes uno o tres encuentros. Hace falta bastante tiempo y convivencia para conocer a las otras, sus particularidades, sus entornos, sus dificultades. Y las Flores de la Abundancia, por la manera como están hechas, no ofrecen esa estabilidad grupal tan necesaria para tejer apropiadamente esas relaciones. Más bien es una ilusión de sororidad. Y una ilusión puede ser muy bella, pero es peligrosa cuando la consideras real. Porque lo más probable es que cuando las flores se estanquen y haya mujeres que pierdan su dinero, muchas de las que llegaron a alcanzar la posición Agua antes que ellas, tres o cuatro vueltas atrás, no se llegarán a enterar de la existencia de esas desafortunadas. Y si no las conocen, si ni siquiera saben que existen, por supuesto que tampoco van a respaldarlas.
¿Economía Sagrada?
Uno de los conceptos que más se usa para disfrazar las Flores de la Abundancia de alternativa real al estado actual de cosas, es el de «Economía Sagrada», presentada esta como una forma de economía que está en contravía de la economía convencional capitalista. Por ello mismo las flores se presentan como una «alternativa» al sistema imperialista que nos mantiene sumidos en la competencia, la acumulación y la escasez. Se habla de que el universo es ilimitado, así como sus recursos, y con esto se justifica el que los «regalos» se puedan multiplicar tan fácilmente.
Tristemente, es esa concepción de que tenemos recursos «ilimitados» lo que ha hecho que el capitalismo haya devorado salvajemente un buen porcentaje de nuestros recursos naturales y tenga a la humanidad en jaque, al menos en lo que concierne a la supervivencia de nuestra especie. Si los recursos en la Tierra fueran «ilimitados» no habría ningún problema con producir cada año toneladas de artefactos inútiles que al año siguiente terminen en la basura. No habría problema en quemar millones de hectáreas de selva o en contaminar millones de litros de agua, pues gracias a la abundancia «ilimitada» del universo siempre habría nuevos bosques y nuevas aguas que reemplacen a las que ya echamos a perder.
Pero ya todos sabemos que las cosas no funcionan así (¿hace falta ahondar en este tema?), y que si vamos a vivir en este planeta tenemos que aprender a lidiar con los límites que la naturaleza nos impone. Y aunque nos pese, esto es igual para el dinero y para las personas. No es posible multiplicar la riqueza monetaria infinitamente sin que al final alguien resulte afectado. El dinero no se crea en el aire: siempre sale del bolsillo de alguien. De ahí que hayamos escuchado siempre que no existe el dinero fácil. Bueno, concedamos algo: quizás un banco sí puede crear dinero de la nada (como efectivamente lo hace cada vez que le solicitamos un crédito, pero esa es otra historia). El asunto es que si ya hemos desarrollado una conciencia social mínima en este sentido, ¿por qué querríamos hacer lo mismo que hacen los bancos? ¿Si es justamente ese el sistema que estamos intentando desmontar? ¿No estaríamos contradiciéndonos a nosotras mismas?
Cuando los «regalos» son condicionados…
Dentro de ese planteamiento de la economía sagrada, una de las ideas con más fuerza y que resulta más atractiva en estos movimientos floridos es la del «regalo». Por lo que he visto, esto ha sido tomado de los planteamientos de Charles Eisenstein, autor del libro Sacred Economy (Economía Sagrada). Allí, Eisenstein profundiza en el concepto de regalo y lo presenta como un nuevo paradigma (o más bien el rescate de uno más antigüo) que nos puede permitir migrar hacia un modelo económico más sano y beneficioso para todos que el que actualmente tenemos. El problema es que el autor entiende el regalo de una manera muy diferente a como lo presentan las defensoras de las Flores de la Abundancia.
En Sacred Economy se habla de la economía del regalo como el desprendimiento generoso y libre de un recurso tangible (que no suele ser dinero) destinado para el beneficio de alguien más, que se entrega por el placer de dar y de establecer el vínculo social que una transacción así necesariamente genera. Se da sin esperar nada a cambio (como lo sería un retorno multiplicado de lo que «regalé» en un plazo predeterminado de tiempo), y sin condiciones (como lo serían el tener que invitar a más personas a que participen de mi esquema).
Si lo que estoy dando es verdaderamente un regalo (que por definición es desinteresado), bastaría con que lo entregue una vez a esa mujer que lo necesita… y ya. No debería esperar recibir mi regalo multiplicado después de un tiempo. Tampoco debería tener que invitar a nadie más a que dé nuevos regalos. Un regalo se da en un gesto de generosidad. No espero recibirlo de vuelta más adelante. Mucho menos espero recibirlo multiplicado. Es verdad que si soy generosa con otros la vida me recompensará de muchas maneras y veré cómo la abundancia que antes prodigué retorna a mí. Esto lo sabe cualquiera que haya sido generosa en su vida. Pero ese retorno no lo controlo yo. Me puede venir en la forma que yo lo otorgué, o en otra distinta. No puedo controlar la abundancia que se me retorna a partir de lo que doy. Cuando doy desinteresadamente se trata precisamente de dar sin esperar recibir NADA a cambio, ni hoy, ni mañana, ni en un par de meses o de años.
De por sí, el supuesto «regalo» con el que una mujer entra en una Flor de la Abundancia no es un asunto «voluntario». Si acaso, es tan voluntario como el decidir pagar o no la cuota de ingreso a un club. Pero una cuota de ingreso no es un regalo. Es un monto prefijado, sin el pago del cual no tienes acceso al club.
Es interesante apuntar que en Sacred Economy, Einsestein advierte a la gente sobre los peligros de monetizar conceptos que nacieron como explícitamente anti-comerciales, tal como este de la economía del regalo. Este artículo suyo profundiza más al respecto. Está en inglés, pero quiero destacar aquí uno de sus párrafos (la traducción es mía):
«¿De verdad quieres sintonizarte con la abundancia y los regalos? Entonces haz algo que no ofrezca una ruta directa de retorno a ti, algo de lo cual puedas honestamente decir «Estoy haciendo esto porque me complace dar», en vez de «Estoy haciendo esto y así obtendré todavía más de regreso». Puede que termines recibiendo más de todos modos, pero si es así vendrá a ti a través de vías misteriosas. Pero eso no te preocupará, porque tú te mantendrás confiado en la abundancia de la vida, en la creencia de que si tú cuidas de la vida, la vida cuidará de ti.»
«No lo hables con nadie»: los lazos de confianza
Uno de los puntos que se enfatiza cuando las mujeres están considerando la posibilidad de ingresar a una Flor de la Abundancia es que este es un esquema novedoso, totalmente «contrario» al sistema capitalista dominante, y que de hecho es una «alternativa» para que podamos liberarnos de las cadenas que el monetarismo ha impuesto a nuestra sociedad. Por tal motivo —dicen— «tiene muchos enemigos», empezando por el propio establecimiento, el sistema financiero y las grandes corporaciones. Esta es supuestamente la razón por la que hay que mantenerlo en secreto y no hablarlo con nadie. No es un tema para discusión pública, ni para difusión masiva. He llegado a escuchar que ni siquiera es apropiado que lo comentes con tu círculo familiar más íntimo o con tu pareja (hombre). Pues como es un tejido de mujeres, lo más probable es que los hombres no puedan entender los lazos de confianza y sororidad que lo sustentan y traten de disuadirte de participar (discúlpenme la expresión, pero esto equivale a decir llanamente que los hombres son unos estúpidos y que por tal motivo no tienen derecho a aconsejarnos en nuestras decisiones financieras. Lo cual es sospechosamente parecido a lo que los hombres opinaban de las mujeres hace menos de dos siglos).
También te recomiendan que las personas a las que invites a participar (porque, sí o sí, tienes que invitar al menos a dos mujeres más para que vayan completando tu flor) que sean mujeres de tu entera confianza y que de alguna manera ya estén «sintonizadas» con esta onda de la economía sagrada, el merecimiento y la abundancia ilimitada. Tanto mejor si ya han manifestado su desacuerdo con el estado actual de cosas y desconfían de los bancos, pues entonces será más fácil convencerlas de unirse a un modelo que pretende ser una alternativa y una salida a la carrera de ratas en que estamos inmersos.
Lo cierto es que el alto nivel de secretismo que se maneja (reuniones cerradas de chats exclusivos, grupos privados de Facebook, invitaciones directas únicamente para ciertas mujeres) me parece del todo contrario al espíritu abierto e incluyente de los círculos de mujeres. Y creo que responde más bien a una necesidad de mantener el bajo perfil, justamente porque en el momento en que alcanza esferas más públicas se empieza a develar su verdadera naturaleza piramidal y fraudulenta. No nos conviene que mucha gente se entere de esto pues el funcionamiento del esquema se basa exclusivamente en el ingreso de nuevas mujeres y tal ingreso solo se puede garantizar mientras las nuevas mujeres confíen en que el esquema funciona. Si mucha gente de afuera se entera de lo que está sucediendo, lo analizan matemáticamente, evidencian las falencias del modelo y las empiezan a difundir, la gente que aún no ingresado empezará a desconfiar o a pensárselo dos veces y las flores empezarán a estancarse y colapsar —pero no queremos que eso pase antes de que yo reciba mis «regalos», ¿no es cierto?
Muchas dirán que mi posición es excesivamente racional y falta de confianza, pero creo que si estamos hablando de un círculo de mujeres entonces TODOS LOS TEMAS deben poder hablarse, exponerse todos los puntos de vista, ventilarse. No podemos callarnos algo solo porque mi amiga no está de acuerdo con mi opinión y no la quiero ofender. Esa es la actitud que nos ha enseñado el patriarcado: de lo que nos duele mejor no hablemos. Así ha pasado con nuestra menstruación, con la violencia doméstica, con el abuso de poder, con tantas cosas. Y no podemos seguir generando más temas tabú, ya bastante daño nos han hecho todas esas historias de las que no se habla… Si las Flores de la Abundancia de verdad funcionan, si de verdad vale la pena generar estos espacios, si de verdad significarán el cambio positivo por el que todas estamos trabajando, no debería importar que los examinemos a la luz clara de la sana discusión colectiva. Si es algo que de verdad es tan bueno entonces de seguro pasará cualquier examen.
El poder del círculo: pensando en todas
Quiero dejar muy en claro que, gracias a los años que llevo convocando círculos de mujeres y profundizando en el tema de la sororidad y el apoyo entre nosotras, seré siempre la primera en defender la importancia que los círculos tienen en la transformación de este mundo en un lugar más amoroso, luminoso y cooperativo de lo que ahora es.
Estoy absolutamente segura que el hecho de pertenecer a un círculo de mujeres y compartir experiencias y apoyo siempre redundará en beneficio de cada una de las que participan. De ahí que no me cueste creer que haya tantas mujeres comprometidas y agradecidas con estos esquemas de los que estamos tratando y estoy segura de que una gran mayoría de las mujeres que han entrado en este movimiento lo han hecho motivadas por el mismo afán que tengo yo de cambiar las cosas para mejor.
Pero es preocupante que no nos estemos informando bien, que no estemos haciendo las preguntas correctas, que no cuestionemos y, sobre todo, que no estemos pensando de verdad en todas las mujeres que están participando. Y cuando digo todas me refiero a todas. No solo las que me invitaron, o a las que vi emocionada recibir sus «regalos», sino todas las que vendrán después de mí, pues esto lo están vendiendo como algo que al final nos beneficia a todas. Es preocupante que nos cueste tanto examinar a fondo los alcances del modelo. ¿Puedo garantizar que todas las mujeres que me sigan resultarán beneficiadas? ¿Y las que sigan a las que me siguen a mí? ¿Qué pasa cuando las flores se estancan, cuando el modelo alcanza su límite? Esta no es una pregunta hipotética: hay casos registrados por todo el mundo. No tienes que creerme, haz tu búsqueda.
¿Qué pasará cuando haya decenas, cientos o miles de mujeres afectadas? ¿Quién les va a retornar los «regalos» que dieron? ¿Quién les va a devolver la confianza en los círculos? ¿Quién va a reparar las relaciones rotas entre mujeres que antes fueron hermanas y amigas? Pues el problema no es solamente el dinero, que al fin y al cabo es sólo dinero. El problema es que cuando un sistema como este colapsa hay todo un intrincado de redes, relaciones y confianzas que quedan traicionadas.
Si de verdad queremos fortalecernos como mujeres y afianzar nuestros lazos de sororidad, no podemos seguir actuando bajo las mismas reglas de competencia y deslealtad que tanto daño nos han hecho hasta aquí. No podemos seguir buscando el beneficio personal sin que nos importe lo que pase después con nuestras benefactoras. Y no podemos seguir callando cuando vislumbramos una amenaza en nuestras comunidades. Si estamos en círculo nos ayudamos todas, nos protegemos entre todas y nos apoyamos entre todas.
Mi invitación es a encontrar mejores maneras de generar esos lazos, esos apoyos y esas complicidades. Utilizar los círculos para lo que verdaderamente son y oponernos a que se subviertan como herramientas para perpetuar la desigualdad y el abuso de poder sobre los más débiles.
Rozando los límites de la legalidad
Para claridad del público colombiano que me: esquemas como las Flores de la Abundancia ya fueron declaradas como ilegales por la Superintendencia Financiera de Colombia, como se puede leer en este comunicado de prensa, publicado el 12 de febrero de 2019.
Sé que hay mujeres dentro de este esquema que están negando el carácter ilegal de su modelo, con justificaciones medianamente informadas sobre la regulación de estas actividades. Yo no soy abogada ni tengo ningún conocimiento jurídico, pero sé que cuando el gobierno dice que algo que estoy haciendo es ilegal, debo prestar atención, sea que lo considere injusto o no. Pues más allá de que yo piense que estoy mejorando el mundo con mis acciones, si la ley dice lo contrario habrá quien pueda acusarme legalmente por ello. Y lo mejor es que yo conozca esa ley tanto como el que me acusa para poderme defender apropiadamente. Por eso es importante que sepamos bien lo que estamos haciendo, que no comamos entero y —sobre todo en temas legales— que no confiemos ciegamente en un párrafo mal escrito o una cita incierta presentada como aval de legalidad y transparencia.
En este video un abogado panameño nos explica un poco más por qué este sistema es un delito. Aunque está hablando de la legislación en Panamá puede clarificar bastante la situación que no debe ser muy distinta en otras legislaciones latinas.
Puede que a mí se me esté escapando algo alrededor de todo esto. Podría ser que la Superintendencia Financiera también esté equivocada y que las Flores de la Abundancia sean el inicio de la gran revolución financiera que va a cambiar el mundo y a terminar con la pobreza. Pero mientras tanto, sigo creyendo que si queremos combatir el sistema actual primero tenemos que estar bien paradas en nuestros propios pies. Informarnos bien. Asesorarnos bien por las personas que conocen ese sistema mejor que nosotras, no sea que resultemos enredadas en la misma telaraña que estamos tratando de deshacer.
Este artículo es un intento de ayudar a otras mujeres a tomar sus propias decisiones desde la libertad indiscutible de la que cada una es depositaria. Si de verdad queremos cambiar el mundo para bien necesitamos apoyarnos entre todas. Hablar de lo que no nos dejan hablar. Decir lo que sentimos que es nuestra verdad. Y alzar la voz cuando sentimos que una hermana está siendo engañada o explotada, aunque ella no se dé cuenta. Quizás no se da cuenta precisamente porque fue engañada. De eso se trata la verdadera sororidad. Y por esa es que yo sigo trabajando.
Te invito a leer el tercer artículo de la serie, donde expongo doce argumentos comunes que he escuchado en defensa de las Flores de la Abundancia (los que suelen emplear cuando una mujer nueva presenta las primeras objeciones) y por qué ninguno de ellos me parece satisfactorio.